¿Estresarme o Meditar?

Nahual

Hoy comparto esta pregunta introspectiva contigo que lo estás leyendo. Como quizá sabes, hace casi 7 meses nació Nahual, mi hijo, y estoy aprendiendo mucho de él, en muchos aspectos. Ya escribí hace 6 meses sobre mi aprendizaje con este gran maestro en Aprend(r)iendo.

En esta ocasión, tras meses de estar optando por una opción mayoritariamente (aunque no siempre lo he conseguido), he  podido constatar el gran aprendizaje, que me confirma muchos de los conocimientos teóricos que he ido adquiriendo: Si yo estoy tranquilo y centrado, Nahual se tranquiliza y ríe o descansa. Si yo me dejo llevar por el estrés o los nervios, Nahual percibe mi energía, mi estado anímico, mis ondas cerebrales, los impulsos electromagnéticos de mi corazón…. y se sincroniza con ellos, llorando desconsoladamente.

Es simple, cuando Nahual está inquieto, nervioso, molesto, con algún dolor,…. quizá no sabe cómo actuar para tranquilizarse. En cambio, los adultos podemos elegir. Y ahí está mi elección: Estresarme al oírlo llorar, o meditar, relajarme, y traspasarle emociones y estados positivos, el AMOR, si, en mayúsculas, aceptando lo que hay y desarrollando la paciencia calmada.

Lo que a mí personalmente me facilita es, abrazando a Nahual, cerrar los ojos, centrarme en mi respiración, relajarla, bajando la frecuencia respiratoria y cardíaca, armonizando los latidos, centrándome en nosotros, en nuestros cuerpos, haciendo un viaje a mi interior, bloqueando los estímulos externos diferentes de ese sistema que en ese momento somos él y yo, sabiendo que soy luz amorosa y la recibo y la emano. Y desde ahí, sostener lo que sucede, los llantos, los quejidos, sintiendo como van disminuyendo, como él va entendiendo que todo está bien, que yo estoy con él y que yo mantengo la calma, demostrando confianza, seguridad, paz y amor.

Esto es extensivo a lo que sucede entre Anna (mi mujer) y yo. Nahual también percibe nuestras emociones, nuestras energías, cómo nos relacionamos como pareja en cada momento, y reacciona a esa manera, sincronizando sus emociones con las nuestras. Si nos demostramos amor, él lo percibe. Si nos estresamos, nos enfadamos el  uno con el otro, él lo recibe y reacciona, enviándonos una señal que descodifico como  “esto no me gusta, no me sienta bien. Sed inteligentes y tranquilizaros, hablad calmados, respetaros, amaros, que eso es lo que quiero para vosotros, para mí, para todos”.

¿Cómo gestionas tú tus emociones en casa? ¿Y en el trabajo? ¿Con los amigos? Aunque seamos adultos seguimos percibiendo todo eso sutil (o no tan sutil) que existe en el ambiente, en nuestros sistemas relacionales, en nuestro cuerpo y mente. ¿Cómo crees que tu actitud, ya sea por acción o por pensamiento-sentimiento, afecta a quien te rodea?  ¿y que recibes del entorno? ¿Cómo quieres que las personas reaccionen a tu presencia?  ¿Qué haces para cambiar lo que no te gusta? Si lo que deseas es respecto, respeta. Si lo que deseas es amor, se amor. Si lo que deseas es felicidad, siéntete feliz. Creer es crear.

Como ya dijo Mahatma GandhiSE TÚ EL CAMBIO QUE QUIERES VER EN EL MUNDO”

 

Gràcies Nahual!!!!

Transmitiendo emociones, transmietiendo energía

Soy un ferviente seguidor de Cesar Millán (El encantador de perros), ya que me fascina la capacidad que tiene de entender a los perros, lo que éstos necesitan, lo que transmiten, y lo que las personas que comparten sus vidas podrían hacer para mejorar fácilmente la vida de toda la familia (o manada). Realmente es un gran ejemplo para todos los que nos dedicamos al acompañamiento a la mejora.

¿Y qué es lo lo hace tan eficaz y eficiente en su trabajo? Creo que lo que mejor le define es «la paz, serenidad y seguridad que transmite». Y esa energía, esas emociones, ese estado, se traslada a todo su entorno, igual que hacen todos los perros de su manada cuando un nuevo miembro se incorpora.

Nala es una perrita de cuatro meses y medio que vive con mi mujer y conmigo desde mediados de agosto. Tiene una gran cantidad de energía que transmite de muy diversas maneras. Esta mañana hemos tenido la suerte de que, en el parque por el que acostumbramos a pasear, organizaban una exhibición canina. Una oportunidad para aprovechar!!! Así que he ido con Nala, y hemos estado paseando entre gran cantidad de perros adiestrados, de perros tranquilos, y nos hemos estirado en el césped junto a muchos otros perros que transmitían una energía de tranquilidad. Mientras habitualmente al encontrarse con otro perro ha querido jugar de manera insistente, hoy ha aceptado que estar tranquila era algo bueno. Tras estar estirada hemos paseado, entre varios perros, niños, cochecitos, etc…  y Nala ha estado tranquila. Como buen seguidor de Cesar, tanto al pasear como al estar en casa, tomo conciencia de mi energía, de lo que transmito para facilitar que Nala sea una perra feliz, y hoy la energía de muchos otros seres (perros y personas), ha colaborado a esa finalidad.

Como todo el mundo habrá oído alguna vez: «Estate tranquilo, que los perros huelen el miedo, y si lo huele vendrá hacia ti» (o algo similar). Y eso es así con los perros.

¿Y con las personas? Pues entre los seres humanos sucede exactamente lo mismo, aunque intentemos pasarlo todo por una pequeña parte de nuestro cerebro que creemos que es la que utilizamos para controlarlo todo y tomar las decisiones.

Es inevitable transmitir nuestras emociones. Es inevitable que nuestro nivel energético sea algo que compartimos con nuestro entorno, aunque sea como la luz de casa (la mayoría no sabemos qué sucede cuando le damos al interruptor y se hace la luz, simplemente, aunque no lo veamos, la energía existe).

¿Y qué acostumbramos a hacer con esas emociones, con esos estados anímicos, con nuestro nivel energético, con lo que transmitimos mucho más allá de las palabras que usamos? Creo que en muchas ocasiones simplemente no hacemos nada. Buscamos estrategias de actuación basadas en la «lógica», en nuestra capacidad cognitiva, sin tener en cuenta lo que hay de fondo.

Tanto a nivel personal, como a nivel organizacional se puede actuar tomando conciencia de que esa energía existe y actuar en consecuencia, responsabilizándose de lo que hay en cada uno de nosotros como individuos, de lo que hay en cada equipo o en cada sistema humano al que pertenecemos.

El viernes tuve la oportunidad de asistir a la presentación del libro «Energía Organizacional. 7 pilares de excelencia empresarial», escrito por mis amigos y colegas, Enric Bernal, Joan Cos y Xavier Tarré, socios y co-fundadores de Pinea3 Living Organizations. También tengo la suerte de colaborar con ellos, y poder comprobar cómo esta conciencia energética, esta influencia sistémica, y los estados anímicos, afectan y contribuyen a empeorar o mejorar las organizaciones, igual que a las personas a modo individual, lo que tengo la oportunidad de vivir diariamente en los procesos de acompañamientos individual a la mejora.

  • ¿Qué haces tu con tu energía?
  • ¿Tienes conciencia de ella y de cómo la utilizas?
  • ¿Qué haces con las emociones y energías de tu entorno?
  • ¿Eres consciente de cómo te influye el nivel anímico de las personas próximas a ti?
  • ¿Transmites lo que deseas a tus seres queridos?
  • ¿Y cómo es todo esto en tu puesto de trabajo? ¿A nivel individual? ¿A nivel de equipo? ¿A nivel de organización?

Mejorar es posible. Como leía hoy mismo «Si crees que es posible, ya tienes la mitad del éxito asegurado».

¿Quieres tener éxito? Si quieres te acompaño, en las dos mitades: 1) Creer que es posible. 2) Hacerlo realidad.